¿Has escuchado el término «depresión vaginal»? De acuerdo con un reciente estudio, la falta de actividad sexual podría ser la causa de dicho padecimiento.

 

Es común escuchar sobre los síntomas de la depresión, así como de las formas para lidiar con ésta; pero pocas personas desconocen que también existe la depresión vaginal. 

 

Así es, se trata de una condición real, avalada por la ciencia. De hecho, el nombre adecuado para este trastorno es vulvodinia y quienes lo padecen, afirman que se identifica fácilmente, ya que los síntomas se revelan con el mínimo contacto. Para que conozcas más, te mencionamos algunas de las señales de la depresión vaginal:

 

No es una infección de transmisión sexual

 

La Asociación Nacional de Vulvodinia comenta que este trastorno no es provocado por infecciones activas o de transmisión sexual. Sobre las causas de la vulvodinia, los especialistas mencionan lo siguiente:

 

  •     Lesión o irritación de los nervios que transmiten el dolor de la vulva a la médula espinal.

 

  •     Aumento en el número y sensibilidad de las fibras nerviosas susceptibles al dolor en la vulva.

 

  •     Niveles elevados de sustancias inflamatorias en la vulva.

 

  •     Respuestas atípicas (a factores ambientales) de diversos tipos de células vulvares.

 

  •     Predisposición genética a la inflamación vestibular crónica, dolor crónico generalizado o falta de capacidad para combatir la infección.

 

  •     Debilidad muscular del piso pélvico, espasmo o inestabilidad.

 

Síntomas 

 

La vulvodinia provoca sensaciones de ardor, irritación y comezón a pesar de que no haya una infección en la zona. Hasta ahora, no se ha definido una razón que justifique los síntomas, el diagnóstico de este padecimiento es que el médico realice una prueba con algodón presionando la zona para evaluar la severidad del dolor. En cuanto a la sensación que provoca, los pacientes la describen como dolor crónico intenso, comparada con el dolor de un parto.

 

Desafortunadamente, aún se desconoce la causa real de este padecimiento y no hay acciones preventivas avaladas científicamente. En cuanto a los tratamientos, éstos se dirigen a aliviar los síntomas y, por lo general, proporcionan alivio moderado del dolor. Es común recetar una dosis muy baja de antidepresivos, así como también practicar ejercicio.